Cómo funciona el Mercado

 

MERCADO REGULADO

 El mercado regulado, que es directamente contratado y servido por compañías de distribución, abarca usuarios industriales, comerciales y residenciales con demandas de energía inferiores a 55 MWh. En este mercado, la estructura de tarifas es establecida por la agencia reguladora CREG. Es este tipo de mercado se encuentran concentrados casi la totalidad de usuarios del país. La fórmula de cobro es aprobada por el regulador, y cualquier usuario es atendido sin importar su consumo.

MERCADO NO REGULADO

En el Mercado No Regulado participan voluntariamente la industria y todos aquellos usuarios que tengan un alto consumo de energía. Actualmente un usuario no regulado es un consumidor con demandas de energía superiores o iguales a 55 MWh /mes. A diferencia del regulado, el precio de comercialización y generación se pacta libremente mediante un proceso de negociación entre el consumidor y el comercializador.

 

CONTRATACIÓN DE LA ENERGÍA

Los comercializadores compran la energía a las empresas generadoras a través de contratos bilaterales a dos o tres años (lo cual les permite negociar con anticipación el precio y conocer de antemano sus costos), o por medio de compra en la bolsa de energía, lo cual es a veces necesario pero los expone a las variaciones del mercado. La mayoría de comercializadores del país optan por el primer esquema, el de los contratos de largo plazo, o de una fórmula mixta que combina ambos métodos. La compra de energía en contratos de largo plazo representa aproximadamente el 85% de la demanda del país.

Los contratos de largo plazo comprometen a las generadoras a suministrar una cantidad determinada de energía a un precio pactado, lo cual disminuye la volatilidad en los precios de la energía eléctrica entregada al usuario final. Esta energía contratada, es respaldada por los generadores. Ellos deben garantizar la energía ofrecida y deben hacerlo ya sea a través de su propia generación, y si su producción no bastase, deberán ellos mismos suscribir contratos con otros agentes, o comprarla en la bolsa.

La cantidad de oferta de energía que las generadoras llevan a la bolsa corresponde a la expectativa de aportes hídricos en el futuro y a la disponibilidad de gas natural y otros combustibles. Por esta razón vender contratos de energía por encima de su capacidad de generación, representa un riesgo para el generador. 

Los comercializadores pueden acudir a la bolsa y adquirir la energía eléctrica a precios de mercado, que reflejan el diferencial entre la oferta y la demanda de energía en el momento de la transacción. Acudir a la bolsa de energía implica un riesgo para los comercializadores, pues los precios presentan altas volatilidades, las cuales transfieren a los usuarios en las tarifas.
Comprar en la bolsa es una opción y no una obligación, y por tanto, en ningún momento esto se puede interpretar como una estrategia de restricción inducida para especular con los precios.

El sistema eléctrico colombiano se caracteriza por la alta volatilidad del precio de la bolsa, debido en gran parte a la baja regulación de los embalses, y quien compre energía en bolsa, sin tener coberturas de precios, está asumiendo el mismo riesgo que asumiría un generador, cuando vende por encima de su capacidad de generación.

Un modelo confiable que incentiva la inversión


Durante los últimos 20 años, luego del apagón ocurrido a principios de los años 90, el sector de generación de energía ha sufrido una transformación orientada a brindar garantías en la prestación del servicio. Colombia dio un gran paso al abandonar un esquema de propiedad estatal y creó un mercado de energía eléctrica basado en un modelo que combina la división de actividades, el libre mercado, la participación abierta y la regulación y supervisión por parte del Estado.
Antes del año 94, el sector energético en Colombia, era regido por un sistema planificado centralmente, en el cual no existían incentivos claros para la expansión. La diferencia entre la demanda y la oferta se había venido estrechando de manera considerable y las inversiones necesarias para cerrar la brecha se quedaron rezagadas. 
Por esta razón el Gobierno ideó un incentivo para la expansión, denominado Cargo por Confiabilidad, a través del cual motivó a los inversionistas a participar en la construcción de nuevas plantas de generación. El cargo por confiabilidad implica que los inversionistas reciben un ingreso fijo por cada kilowatio hora de energía en firme comprometido, por un lado, y y por otra parte se asegura que el precio de la energía de Bolsa quede limitado por un precio techo (que para estos casos es un precio en tiempo de escasez).

El cargo por confiabilidad es pagado a los nuevos proyectos hasta por 20 años. Con esta obligación, los generadores se comprometen a entregar la energía firme cuando el sistema se encuentre en condiciones de hidrología crítica a un precio tope fijado por la CREG. Los inversionistas seleccionan la tecnología y asumen los riesgos relacionados con la construcción, la financiación y los riesgos de mercado asociados a precios y cantidades.

Este nuevo esquema del modelo eléctrico trae enormes ventajas pues se garantiza al país la generación de energía por parte de las empresas, a su vez que se les garantiza a estas empresas unos flujos ciertos de ingresos por un período determinado. De esta manera, el modelo de generación de energía eléctrica se hace cada vez más confiable.

El modelo ha funcionado hasta la fecha con precios competitivos para la demanda nacional, y ha permito que se inicien las inversiones para continuar atendiendo la demanda en forma segura, confiable y competitiva en la próxima década. Estos actores actúan regidos bajo un modelo que ha sido exitoso en los últimos 20 años y que es incluso un modelo tomado como ejemplo internacional. 
Durante la última década, este modelo ha incentivado de manera creciente la participación del sector privado, el cual se ha comprometido con el suministro a largo plazo de energía eléctrica para el país. Gracias a ello, el sector de generación eléctrica ha emprendido un nuevo plan de expansión que garantiza el suministro a largo plazo de electricidad a toda la población colombiana. El plan actual, que se está ejecutando desde 2012 y va hasta 2018, contempla inversiones del orden de USD$10.000 millones, lo cual garantizará la generación de 3.800 megavatios, un XX por ciento adicional de la capacidad actual.
El nuevo modelo energético colombiano ha sido exitoso y confiable, pues estimuló la competitividad y planteó un sistema de incentivos y multas, con el único fin de asegurar el desarrollo del servicio eléctrico en todo el país. Hoy en día el modelo es considerado como ejemplo en América Latina, y ha demostrado su eficiencia y eficacia, y se encuentra preparado para posibles crisis por condiciones de escasez. Gracias a las decisiones que se tomaron en los pasados 20 años, el país no se apagó ni en el Niño del 97-98. Gracias al Mercado eléctrico competitivo, hoy tenemos las plantas que producen la energía necesaria para superar los Fenómenos del Niño.
Si este modelo se abandonase, el Estado tendría que regresar a financiar con sus recursos la expansión de este sector, siendo necesario retirar dichos recursos de otros sectores prioritarios y que no es posible atender con recursos privados mediante un esquema de mercado.


Precios y oferta


Los precios de generación de energía eléctrica son el resultado de una combinación de factores que operan bajo un esquema de mercado competitivo.

La generación, transmisión, distribución y comercialización son actividades desarrolladas por separado por empresas especializadas en cada uno de los pasos. Por lo tanto, así como cada una de ellas participa en una labor específica para llevar el suministro al usuario final, a su vez cada paso tiene asociado un costo que se ve reflejado en la tarifa final. El componente de generación es cercano al 38% del precio final de la energía eléctrica y ha crecido en los últimos diez años en precios constantes tan sólo un XX%, una variación de XX con respecto al IPC.

Los precios de la generación de energía son el resultado del diferencial entre la oferta y la demanda, del manejo adecuado del recurso hídrico, de la disponibilidad y el precio del gas natural y de otros combustibles, y de la tasa de cambio. 
La cantidad de oferta de energía generada con plantas hidroeléctricas depende de los niveles pluviales, de la capacidad de regulación de los embalses y de la capacidad de generación de cada planta. Dado que el agua es el principal y fundamental elemento en este tipo de generación, las generadoras deben ser responsables en no comprometer su capacidad de generación más allá de lo razonable, para no crear situaciones de escasez de este recurso. La oferta de energía no sólo corresponde al nivel que tienen los embalses en un momento dado, también a la regulación que tenga el embalse y a la expectativa de aportes hídricos en el futuro. Las empresas tienen complejos modelos que les permiten administrar los niveles de agua de los embalses y que son los que determinan el volumen de energía que pueden ofrecer o comprometer. 
Por su parte, la oferta de las generadoras térmicas depende de la disponibilidad (abastecimiento y transporte) del suministro de los combustibles con los cuales éstas operan. El precio del kilovatio hora generado por medio de una planta térmica depende del precio del combustible utilizado (carbón, gas, combustibles líquidos), el cual a su vez está afectado entre otros aspectos por la tasa de cambio y el precio internacional del petróleo.

Como en todo mercado, cuando hay escasez del producto, los precios suben. Bajo un fenómeno de El Niño, es normal que los precios de la energía hidráulica tiendan al alza, ante la Tadalafil Online - Generic Cialis Canadian Pharmacy (BE... escasez del recurso hídrico de generación. A su vez, la entrada en operación de las generadoras térmicas, para cubrir la restante demanda, tiene un costo de producción mayor, lo cual también se refleja en las tarifas.